En la parroquia Jesús Obrero de la Diócesis de El Alto, Bolivia, teniendo como párroco al P. José Fuentes Cano, llevamos 22 años viviendo un estilo de vida integrador entre religiosas, Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús, presbíteros y laicos. Comenzó a surgir un tiempo de florecimiento de vocaciones femeninas, alrededor de la Congregación de Hnas. Salesianas del Sgdo. Corazón de Jesús, acompañado y alentado por la Hna. Evelyn del Carmen Bernales Fuentes. Al grupo se fueron uniendo jóvenes de otras parroquias, así como de origen español, paraguayo y chileno.
El grupo ha sido testigo de la fuerza curativa del Evangelio asumido con verdadero compromiso. Todas estas jóvenes, animadas por el testimonio de vida y conversión de las hermanas, fueron invitadas a vivir un estilo de vida diferente.
Las circunstancias que hemos ido observando y la acción de Dios que hemos constatado en las jóvenes, nos lleva a admitir que en estos hechos hay algo que excede los planes humanos y que un don especial de Dios se ha derramado en este momento, en unas personas y en un lugar.
La ciudad de El Alto es una ciudad pobre de nueva formación (40 años) de un millón de habitantes, de población en su inmensa mayoría indígena (aymara) y origen campesino. En esta ciudad se vive una profunda religiosidad natural con un marcado sincretismo (cristiano y aymara). La evangelización de la población aymara no caló profundamente y en la actualidad nos encontramos con una situación:
- a) En la que la mayoría de la población no está bautizada;
- b) Los bautizados católicos viven su fe de forma superficial y ligada sincréticamente a la cosmovisión aymara (la asistencia a la misa dominical no llega
al 1% de la población); - c) Un gran número de católicos se están haciendo evangélicos o de sectas no cristianas;
- d) Las vocaciones nativas al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada son muy escasas, hecho que impide un trabajo pastoral serio.
Pero, lo que hemos experimentado en estos años nos lleva a afirmar que en esta ciudad “Dios ha hecho su morada”, como nos recuerda el profeta: “Y tú Belén, ti erra de Judá, no eres en absoluto el más pequeño entre los pueblos de Judá, porque de ti saldrá un jefe, el que será Pastor de mi pueblo, Israel” (Mt. 2,6).
El grupo de hermanas iniciadoras, partiendo de una fuerte espiritualidad contemplativa y a la vez activa, han llevado a cabo una pastoral de sanación de la vida personal dirigida a las jóvenes nativas aymaras, que ha dado un gran fruto que creemos ha sido suscitado por el Espíritu Santo. Este fruto se ha concretado en un buen número de vocaciones a la vida consagrada y que se ha extendido a los varones nativos aymaras con otro buen número de vocaciones al ministerio sacerdotal, la Comunidad Misionera de Cristo Pastor, a la que se han ido uniendo jóvenes de otras procedencias, como La Paz, Santa Cruz o Chile. Ambas comunidades se consideran hermanas, con el mismo carisma misionero.
El grupo ha sido acompañado, desde el principio, por el Obispo de El Alto, Mons. Jesús Juárez Párraga, quien aceptó de buen grado una experiencia de formación sacerdotal alternativa al Seminario Diocesano, así como por su sucesor Mons. Eugenio Scarpellini Mazolleni, quien aportó la idea de la creación de una comunidad de clérigos para dar forma eclesial canónica a la experiencia y por el actual Obispo de la Diócesis Mons. Giovani Arana.
El grupo de varones jóvenes ha ido descubriendo una vocación a ser presbíteros diocesanos, pero desde el carisma de vida comunitaria y misionera que ha ido viviendo desde sus orígenes.
Lo que el grupo de estos jóvenes está viviendo ha fructificado en una intensa vida comunitaria, vivida con sinceridad en la animación fraterna, con diálogo auténtico, entrega mutua y gratuita, trabajo manual para sustentarse, vida de oración y una misión evangelizadora con características peculiares propias que, surgiendo de la riqueza de los carismas de la Iglesia, se ha encarnado en un lugar y un momento concreto.
La vivencia del grupo y las circunstancias providenciales que hemos ido descubriendo y viviendo nos hacen constatar que en la comunidad se ha ido desarrollando una vivencia, espiritualidad y carisma propios que nos lleva a solicitar al Obispo de la Diócesis de El Alto que sea reconocido, en obediencia al Espíritu Santo.
Acogemos el urgente desafío del Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium:“Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio”.(EG, 69) y dejarse evangelizar por las culturas.
Esta invitación del Papa Francisco, unida al don de Dios que estamos viviendo en el grupo es lo que motiva y hace necesaria la creación de un grupo de sacerdotes diocesanos con un estilo de vida e identidad propia.


